Juliana Villani
Grandes son aquellos que luchan con dignidad por obtener
su propio espacio en la sociedad,
aquellos que al no encontrar cobijo bajo las alas de los medios masivos de
comunicación luchan con convicción para poder construir colectivamente sus
propios medios y difundir sus ideas.
Una tarde, haciendo lo que más te gusta, en cualquier parque de la ciudad, te podes
encontrar épicos personajes que andan deambulando con unos papeles en la mano...
¿Quiénes son? Ellos son Ángeles.
Walter es uno de ellos, él se declara un “ladrón de
sonrisas”, se toma el tiempo de pasar persona por persona a contarle chistes,
adivinanzas y algunos cuentos. Su objetivo es hacerle llegar a las personas el motivo de ese trabajo y
su historia. Este chico de 22 años, fue adicto a la cocaína y por lo tanto
marginado durante muchos años, vivió en un ambiente lúgubre, rodeado de drogas
y delincuencia. Sus ansias por salir adelante, lo llevaron a querer
rehabilitarse y trabajar para obtener su propio dinero. Hoy totalmente
recuperado, trabaja de canillita en la revista “somos el ángel”, una revista de
cultura villera.
Esta revista sale cada dos meses, con una tirada de 10.00
ejemplares, son repartidas por canillitas entre los cuales se encuentra Walter.
El costo es de $14 para el público y $10 pesos para los vendedores, esos $4
sobrantes, es su ganancia.
De la coordinación general se encarga Lilian Echegoy quien
es coordinadora de trabajo carcelario, de la coordinación de canillitas se
encarga Blas Aguirre y el equipo está formado por: Eva, María, Ramona, Ester, Carolina,
Alejandro, Coty, Daiana, Petete, Pamela, Chanchi, Alan, Ernesto, Ricardo,
Luisina, Juana, Lautaro, Norma, Micaela, Saúl, Chinito, Natalia, Jonathan,
Nazareno, Marcos y Walter. Del diseño y
la diagramación se encarga Francisco Nakamaya y de la impresión Adrián DeJesús
Imprenta.
“Tuvimos que pasar por mucho, pero en nuestra historia es
solo un granito de arena de ese desierto donde hay un tesoro escondido. Un
tesoro que a veces brilla con luz enceguedora. Otras se apaga esa luz y queda
otra más tenue, la de los corazones de los niños y grandes que rozan la pobreza
pero que quieren una vida igual a la de todos, no les interesa dar lástima,
porque salen con sus uniformes del colegio y sus mochilas y zapatillas nuevas y
tienen todos sus útiles, se equivocan si creen que desde un lugar superior pueden
dar lecciones de vida a quienes vienen resistiendo” cuenta indignado Walter.
Walter y sus compañeros luchan día a día contra la
incomprensión de los supuesto sabelotodos y crecen en su experiencia, mirando
para adelante y pensando un futuro
mejor. Ellos lo único que quieren es ser
escuchados, hablar, en la escuela y en la universidad. Y no es que no saben
nada, como todos creen, tienen otros saberes que les gustaría compartir. Saben de la vida, de construir
sus propias casas, comprar lo que necesitan
y aspiran a salir de la calle, aprender oficios, estudiar, comprarse un
auto o una tele de las mejores….
Con este proyecto, dicen: “nosotros no pedimos limosnas,
pedimos que nos ayuden con nuestro trabajo, nosotros queremos tener todo pero
con el fruto de nuestro esfuerzo, las horas que pasamos en la calle nos enseñan
que podemos ser mejores. Nosotros tenemos hijos
y queremos que ellos no tengan que hacer lo mismo, por eso estamos acá,
somos visibles, estamos, somos, trabajamos, tenemos nuestras familias y vamos a
la escuela” cuenta María de 22 años. Y Walter completa con: “Pueden hablar con
nosotros, darnos su opinión, no buscamos la lastima. Porque como dijo una vez
el padre Edgardo Montaldo somos ricos en alegría, en ideas, en saber
gambetearle al hambre y al dolor”.
Hoy en día la revista lleva 27 ediciones y participan alrededor
de 30 chicos, y es para ellos una herramienta de trabajo y les llevan a la
gente una realidad que no aparece en los medios, que no aparece en los
discursos.
Maria cuenta que la revista la ayuda a progresar y dice: “la
gente nos recibe mejor, no solo la pagan sino que la piden porque ya nos
conocen. A veces no tenemos ni que ofrecerla. Y gracias a esto puedo aportar
dinero a mi hogar, darle de comer a mi hija Milagros de 6 años y terminar mi
casa”.
Lucas de 15 años cuenta: “esta revista es una herramienta de
trabajo, no queremos dar lastima ni mucho menos, tenemos dignidad. Yo me doy
cuenta cuando hablo, la gente espera otra cosa de nosotros, pero la calle te
enseña y yo aprendí mucho. Nosotros no solo vendemos la revista, vendemos
nuestras ideas, lo que hacemos…”
A simple vista nos podemos dar cuenta que en esta revista
trabajan chicos y adultos y entre todos construyen un proyecto que se va
reformulando día a día. Es una herramienta de un proyecto más abarcativo, que
incluye trabajo, integración de las familias y educación. Todos aspiran a que
los niños no tengan que trabajar, lo cierto es que la desocupación y la miseria
obligan a nuevas mecanismos de subsistencia.
Uno de sus objetivos es recuperar la dignidad del trabajo.
Para participar, los adultos deben presentar certificados de
escolaridad de los chicos, y tanto
adultos como niños participan de los talleres y reuniones que se organizan
mensualmente.
“Cuando se vende la revista no se puede pedir monedas,
comida u otra cosa. Se debe dar el vuelto correctamente. La revista no se puede
vender a las personas que van en auto por el peligro de accidentes. En la calle
debemos cuidarnos entre todos. Si algún adulto o chico actuara incorrectamente
hay que dar aviso a algún responsable de la revista” cuenta Blas.
Estos chicos, están bien vestidos porque el objetivo no es dar lastima, sino recuperar
la dignidad de las personas que trabajan en la calle. Los menores son
acompañados por sus padres y los adultos que trabajan están desocupados y la
venta de la revista significa la posibilidad de un aporte a la economía
familiar.
Este medio se sostiene únicamente con la venta ya que no
reciben un aporte económico de ninguna entidad pública ni privada. En la
revista podemos encontrar entrevistas a chicos que lograron recuperarse de las
drogas y hoy tienen una vida mejor, cuentos,
artículos redactados por especialistas en el tema de adicciones y
delincuencia. La distribución la realiza Blas, uno de los encargados de
repartir y cobrar la revista.
El lugar de donde surgió esta idea es en el Centro Cultural
La Toma, ubicado en Tucumán 1349.
Leerla es adentrarse a un mundo totalmente desconocido para
aquellos que lo tienen todo servido, podemos ver cuánto sufren y luchan estas
personas por salir adelante y tener un futuro
mejor.
...bueno días, soy el Tomi, ésta revista, Somos el Ángel, es un robo intelectual al Ángel de lata, y si no, que alguien me lo explique...
ResponderEliminarQué pena me da comprobar que un trabajo que podría haber sido una buena investigación seguida de una nota como la que escribieron, le falte la mitad de la historia. Es más, un breve trabajo de seguimiento sobre el surgimiento de el "Ängel de Lata", la revista original y luego la apropiación indebida de su nombre y creo que de sus tapas hubiera sido un giro interesante, sin desconocer lo que esta otra revista significa social y económicamente para quienes están involucrados en el proyecto.
ResponderEliminar...nada, missing, así es la prensa que se nos viene, se van de boca, y no fue nadie, se morfan diez años de historia, y nadie se los comió, escuchan una campana, y para el repique son sordos... que el título les sea útil...
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