Natán Gorodischer
Los medios de comunicación en general tienen un
tratamiento específico y lineal sobre aquellas personas que viven en los
lugares más olvidados de las ciudades, y los portales de nuestra ciudad no son
la excepción.
No nos sorprende, a la mañana cuando agarramos el
diario, ver en la sección “policiales” todas las historias que suceden en las
villas; de criminales, de violadores, de muertes, de balaceras, de robos y
demás yerbas.
Si los medios fuesen profesores (y tristemente
muchas veces lo son), nos enseñarían que las personas que viven allí no son más
que pirañas, narcotraficantes y personas que por el simple hecho de haber
nacido con menos oportunidades, no están legitimados para que se respeten todos
sus derechos constitucionales.
Hace unos meses, nuestra ciudad sufrió una de las
peores tragedias de su historia. El dolor, la incertidumbre y la solidaridad
afloraron entre todos, y una sensación de unidad flotaba en el aire. Desde los
medios, se incentivaba a colectas, a ayudar, a colaborar; y se insistía
constantemente en la sorpresiva actitud de los habitantes y su inconmensurable
solidaridad para los damnificados. Todo esto con un seguimiento de cámaras de
24 hs, por supuesto.
A los pocos días de la tragedia de calle Salta, un incendio voraz destruyó los hogares de varias familias en uno de los asentamientos de la Villa Pororó, ubicada en Zona Oeste, a pocas cuadras de la Villa Banana
A los pocos días de la tragedia de calle Salta, un incendio voraz destruyó los hogares de varias familias en uno de los asentamientos de la Villa Pororó, ubicada en Zona Oeste, a pocas cuadras de la Villa Banana
Lamentablemente, el fervor de los medios por
difundir e incentivar la solidaridad en nuestra ciudad, se vio completamente
nulo en sus portales y canales de televisión, a punto tal que NINGUNO de los
cinco medios que monitoreamos registró el hecho. (http://www.google.com.ar/?gws_rd=cr&ei=Q-EtUpKfEoW-8ATvxYCoDQ#q=incendio+en+villa+pororo)
Las mismas personas que habían sufrido una
tragedia similar y quedaron en situación de calle, no recibieron la misma
solidaridad que aquellas personas de calle Salta, simplemente por no haber sido
tratados por los medios y no haber sido apuntados como personas que necesitaban
de nuestra ayuda.
¿Por qué? ¿Qué hace que algunas personas sean más
importantes que otras para los medios? ¿Cuál es el la vara para medir quién
merece la atención de los medios y quién no? ¿Es una condición arbitraria,
planteada; o se da espontáneamente así?
Dentro de los medios masivos, no aquellos que son
alternativos, “es bastante diverso y hay distintas
formas de abordajes según las acciones, y no hay un acercamiento homogéneo”, dice
Sonia Tessa, periodista de Rosario/12.
“La invisibilidad y la estigmatización tienen que
ver con el desconocimiento. En las villas miserias vive ‘el otro’, y la mayoría
de los periodistas pertenecen a la clase media, un recorrido social
completamente distinto, una educación completamente distinta donde ‘los villeros’ siempre fueron los otros. Es una construcción
del sector social al que ellos pertenecen, que luego se encarna en una línea
editorial de cada medio… y además, también vende. Vende la inseguridad. Cuando
en realidad, el mismo término “inseguridad” está desvariado. ¿Quién es más
inseguro, aquel que vive sin agua, gas, electricidad y en calles de tierra, o
aquel que vive en el centro y le rompen un vidrio del auto?”
“Los medios no tienen un punto de vista villero
porque a la universidad nunca llegan los villeros, y los medios de comunicación
no expresan ese punto de vista.”
“Creo que no hay estigmatización más grande, desde
mi punto de vista, que la del piquete. La clásica tergiversación de tornar una
protesta social a una cuestión del tráfico. La de ‘estos negros de mierda, que
dejen de cortar la calle y vayan a laburar’.
Otro constructo teórico muy común, enquistado en
el inconsciente colectivo y mediático, es creer sin cuestionarse que los
grandes capos narcos viven en la villa. Una villa que cuando llueve, se te
inunda la casa entera, o donde no entran las ambulancias. ¿Somos tan ingenuos?
“No, no somos tan ingenuos. Es tranquilizador, que
es distinto. Es muy tranquilizador poner a los narcos y los ladrones adentro de
la villa porque allí se encuentra lo desconocido, allí está ‘el otro’.”
Quizá para los medios, la gente de Villa Pororó
sean los otros. Quizá sean aquellos a los que se los pone en un limbo mediático
porque nos tranquiliza verlos de esa manera. Quizá no tengan la misma
importancia que los damnificados de la calle Salta. Pero quién mejor que ellos,
la gente de la Villa Pororó, los “otros”, los supuestos narcos y ladrones, para
contar su propia historia.
“Perdí todo lo poco que tenía. Yo trabajo de
mucama en una casa y mi marido cartonea, y lo poco que pudimos conseguir con nuestro
esfuerzo, se evaporó en un instante. El fuego nos dejó sin casa, y con un dolor
enorme en nuestra alma” dice Micaela, mientras le tiembla la voz y se esfuerza
para no quebrarse.
“Por suerte, yo digo siempre lo mismo, la gente
del barrio nos ayudó muchísimo. Siempre lo aclaro, nunca vas a encontrar más
solidaridad que en una villa, pero eso no lo vas a ver nunca en los medios.
Siempre somos los negros, los feos, los ladrones los que estamos en una villa. Pero
nunca te muestran la solidaridad que tenemos entre nosotros mismos. Yo quisiera
saber si en algún barrio privado o en el centro de la ciudad la gente se ayuda
entre ella como lo hacemos nosotros todos los días. Y no encontramos ningún
noticiero cubriendo esas cosas. Como tampoco vemos ningún noticiero cuando la
gorra se zarpa con algún pibe, lo verdugea, lo golpea o hasta incluso lo mata.
Total, nadie hace nada, es “un negro menos”.
Micaela propina el último golpe de Knock-out. El
último golpe a estos medios que debe cambiar. Para qué, en un futuro (y que
ojalá sea cercano), las victimas y damnificados de calle Salta y Villa Pororó, sean
tomados en igualdad de condiciones.
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