lunes, 25 de noviembre de 2013

“Para encontrar laburo tuve que cambiar la dirección del DNI”

Bruno Viapiano
Cuando uno recorre los barrios más humildes de la ciudad y cruza palabras con quienes allí residen,  descubre todo tipo de historias de vida, las cuales escasas veces son contadas.  En Villa Moreno todos coinciden en lo mismo: “los medios acá no vienen si no hay algún bardo”.



Acostumbrados a que “nos cuenten las costillas”, como ellos dicen,  todos muestran desconfianza al hablar. Creen que sus palabras serán cambiadas o exageradas, en busca de una nota que otra vez los demonice. Estos pibes están cansados que se los asocie con delincuentes, droga y muertes, solamente por la ubicación del mapa en las que le tocó nacer. Tampoco se apartan de la cruda realidad que invade al barrio y se muestran dolidos después de tener que ver como matan a sus vecinos, amigos y/o familiares por disputas entre gente que se llena los bolsillos y los utiliza.  Muchos de los que se acercan a conversar eran amigos de Jere, del  Mono o del Patón, los tres chicos que fueron brutalmente asesinados el  1 de Enero del 2012 en una canchita de fútbol del barrio.
Pero, claro, todos ellos tienen una historia diferente que merece ser escuchada y esta vez, también contada. Martín, es uno de los tantos que vive una realidad completamente diferente a la que  solo cuentan los medios de comunicación.  Él nació, se crió y dice que va a vivir todo lo que tenga de vida en Moreno. Ahí está toda su familia, su novia desde hace 7 años, la que conoció jugando en la calle cuando eran chiquitos, y todos sus amigos con los que comparte momentos todos los días de su vida.
“Yo acá tengo todo, no me quiero ir nunca y me pone como el orto que hasta la misma gente del barrio viva con miedo y piense que no hay nada bueno para hacer” cuenta Martín con rabia. “Nadie se acerca a escucharnos o a dar una mano con los quilombos y encima la gente te mira de reojo y te discrimina si querés hacer las cosas bien y buscar un laburo” agrega Alexis, uno de los chicos presente durante la conversación. Y ese comentario fue el disparador de un relato que dejará a las claras la serie de obstáculos que se presentan ante estos chicos, sólo porque la sociedad los estigmatiza.
“Mi viejo murió hace tres años, empezó a faltar la guita en mi casa y tuve que salir a buscar un laburo para ayudarla a mi vieja y de paso para tener mi propia plata. Estuve casi un año buscando, habré tenido como 10 entrevistas y en ningún lugar me tomaban.  Pensé que era porque no tenía experiencia, pero no me agarraban ni en lugares dónde no necesitaba, hasta que pensé que podía ser por el lugar en dónde vivía” cuenta Martín y agrega: “Necesitaba tener trabajo, no me quedó otra y cambié la dirección en el DNI por la de mi hermano que está viviendo en Echesortu, tuve 2 o 3 entrevistas más y me tomaron como administrativo en una empresa de computación, conseguí el laburo pero tenía una bronca bárbara, es humillante lo que tuve que hacer”.
Martín nunca va a tener la certeza sobre por qué no lo tomaban, pero nadie le va a sacar de la cabeza por todo lo que tuvo que pasar para después de casi un año de entrevistas fallidas le den una oportunidad. Hoy sigue trabajando, pero no en el mismo lugar, por suerte para él, el relato tiene un desenlace mejor. “Trabajé casi seis meses ahí y después un señor del barrio, que era amigo de mi papá, abrió una bicicletería y necesitaba un empleado, renuncié en la empresa y ahora por lo menos trabajo con mi gente” dice Martín o “Turu”, como le dicen en el barrio y además cuenta que ya tiene turno para cambiar otra vez la dirección del DNI.
Turu no puede hablar más, pide perdón, se levanta apurado diciendo que su novia lo espera y se va. Los chicos que escuchaban la charla cuentan que es un pibe bárbaro, enfermo por Rosario Central y que siempre está dispuesto a dar una mano; y a modo de “certificación” de lo dicho, uno agrega que la semana que viene, Martín organizó junto a su grupo de amigos de Central, una movida solidaria donde van a regalar camisetitas, va a haber inflables para los chiquitos y una merienda. No será la primera, ya lo hizo en dos oportunidades más y en una de ellas los chiquitos se llevaron útiles para el colegio.


Martín, como muchos de los pibes de Villa Moreno, tiene arraigado el sentido de pertenencia. Ellos están orgullosos del lugar en el que viven y además de sus sueños personales, que muchas veces se les dificulta cumplirlos por los problemas de toda índole que les trajo nacer con otras posibilidades, también tienen el sueño de ver bien al barrio y a su gente, por eso se esfuerzan y por eso merecen que esto sea contado.

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