La escuela, cumbre cultural
Eliana
Mattiacci Stablun
Tradicionalmente la escuela fue concebida
para la transformación de las sociedades basándose en un ideal de progreso, sin
embargo, la escuela tendrá mayor o menor interpelación en la medida en que logre
responder a las expectativas de los sujetos. Pero, qué sucede, por ejemplo, con
la gente que vive en las villas, cuyas expectativas no van más allá que copiar
los modelos de sus padres: juntar cartones, robar, vender drogas. La escuela
pasa a ser el primer “hogar” de estos chicos, lo cual modifica su rol
fundamental: instruir. La escuela se transforma en un lugar de contención,
léase comedor, psicólogo, asistencialismo e incluso, suele ocupar el lugar de
los mismos padres.
Se trata de personas que no tienen
internalizada la cultura del trabajo, de la dignidad de ganarse lo que se
tiene, o posiblemente tienen una idea desdibujada de la labor, ya que para
ellos, robar es un trabajo. Al tener estas personas carencias básicas, desde lo
material hasta la formación ética, la escuela debe adaptar su función a las
expectativas de los chicos, no pudiendo avanzar con su tarea primordial.
Las escuelas deberían cambiar su política,
puesto que las culturas son permeables, todo aquello con lo que el chico tenga contacto
va a dejarle algún aprendizaje, por mínimo que sea, o por lo menos, sabrá que
otra cosa existe, y esta idea de que hay otra cosa, de que se puede acceder a
otra calidad de vida, siempre y cuando uno se esfuerce por conseguir aquello
que quiere, debería ser conocida y aprehendida por los alumnos desde muy
temprana edad. Incluso el tener acceso a otra realidad podría introducir nuevas
perspectivas para la organización barrial o de la villa.
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