En la
ciudad de Rosario, más específicamente en “La Siberia” habita un espécimen que,
lejos de extinguirse, prolifera como nunca. Allá, bien al fondo, pasando
música, después de psicología e ingeniería, al lado de arquitectura.
Ahí, en la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, allí es
su hábitat. Difícil de encontrar por la escasa referencia y porque su hogar no
lleva su bandera propia. Esta especie poco común, EL ESTUDIANTE DE COMUNICACIÓN
SOCIAL, es un ser que normalmente pasa desapercibido, pero una vez que abre la
boca, te das cuenta que estudia dicha carrera.
El estudiante de comunicación social se caracteriza por ser poco caracterizable. Este espécimen es tan variado que no puede ser reconocido fácilmente. Si queremos reconocer a alguno por su apariencia, nunca lo lograremos. El estudiante de comunicación puede ser tan cheto como uno de arquitectura y derecho o, todo lo contrario, tan hippie como uno de psicología o de la Facultad de Humanidades. Si nos proponemos reconocerlo por su ideología política, tampoco resultará. El estudiante de comunicación es tan de izquierda como lo es de derecha. Es tan k como anti-k. Y ni pensemos en reconocerlo por sus preferencias musicales y deportivas. El comunicador escucha rock, cumbia, folklore, jazz y blues, y es tanto de Rosario Central como de Newell’s Old Boys (si son rosarinos).
Con frecuencia suele suponerse que como estudia comunicación social –aquí haciendo referencia a periodismo–, debe estar al tanto de los sucesos que ocurren en el mundo, y sí, debería ser así. Pero también está aquel estudiante que vive en un termo y no sabe ni cómo se llaman los profesores que le dan clases.
Sin embargo, hay algunas características que todos los comunicadores tienen en común. Tienen que saber de todo. Sí, DE TODO. De psicología, de filosofía, de redacción y gramática, de oralidad, de historia, de economía, de política, de cultura, de computación, de edición, y de un montón de cosas más. El estudiante de comunicación social sabe desde cómo se forman los estados nacionales y de las teorías de los efectos de los medios de comunicación en la gente, hasta de qué equipo de fútbol era Carlitos Marx, cómo armar un porro y quién le sopló el novio a quién en la comisión de la tarde. En definitiva, el estudiante de comunicación sabe de todo y opina de todo. Aunque no podemos esperar que sepa todo de ese todo. No. el estudiante sabe cosas de ese todo.
A pesar de ser prácticamente inidentificable por ser tan variado, solamente hay una única forma de reconocerlo entre la muchedumbre de estudiantes. ¿Cómo? con una pregunta: “¿Qué estudiás?”, o mejor aún: “¿Qué vendría a ser Comunicación Social?” Ay, si hay preguntas para incomodar a un comunicador, ¡es esta! Ni hablar si le preguntan por la salida laborar, o la peor: “¿Es lo mismo que periodismo?” De acá sale una paradoja, que comparen comunicación con periodismo o se piensen que son lo mismo es el flagelo del comunicador, pero en un enredo por explicar qué carajo estudia, el comunicador termina diciendo “periodismo pero más amplio”.
De todos modos, el comunicador, una especie muy rara que difícilmente puede ser identificada, tiene una última característica, compleja al momento de definirla. En pocas palabras, se diría que es un aventurero, casi un ser heroico, valiente, en el sentido de que no opta por lo que ya está, por lo que ya se conoce, por lo de siempre, por lo tradicional, al estilo de derecho o medicina, entre otras. El comunicador se arriesga por lo desconocido: nadie sabe qué es comunicación social. Tampoco el comunicador. No sabe lo que estudia, pero lo hace. Para decirlo de forma simple pero contundente, si hay algo que caracteriza al comunicador, es que apuesta al desafío.
El estudiante de comunicación social se caracteriza por ser poco caracterizable. Este espécimen es tan variado que no puede ser reconocido fácilmente. Si queremos reconocer a alguno por su apariencia, nunca lo lograremos. El estudiante de comunicación puede ser tan cheto como uno de arquitectura y derecho o, todo lo contrario, tan hippie como uno de psicología o de la Facultad de Humanidades. Si nos proponemos reconocerlo por su ideología política, tampoco resultará. El estudiante de comunicación es tan de izquierda como lo es de derecha. Es tan k como anti-k. Y ni pensemos en reconocerlo por sus preferencias musicales y deportivas. El comunicador escucha rock, cumbia, folklore, jazz y blues, y es tanto de Rosario Central como de Newell’s Old Boys (si son rosarinos).
Con frecuencia suele suponerse que como estudia comunicación social –aquí haciendo referencia a periodismo–, debe estar al tanto de los sucesos que ocurren en el mundo, y sí, debería ser así. Pero también está aquel estudiante que vive en un termo y no sabe ni cómo se llaman los profesores que le dan clases.
Sin embargo, hay algunas características que todos los comunicadores tienen en común. Tienen que saber de todo. Sí, DE TODO. De psicología, de filosofía, de redacción y gramática, de oralidad, de historia, de economía, de política, de cultura, de computación, de edición, y de un montón de cosas más. El estudiante de comunicación social sabe desde cómo se forman los estados nacionales y de las teorías de los efectos de los medios de comunicación en la gente, hasta de qué equipo de fútbol era Carlitos Marx, cómo armar un porro y quién le sopló el novio a quién en la comisión de la tarde. En definitiva, el estudiante de comunicación sabe de todo y opina de todo. Aunque no podemos esperar que sepa todo de ese todo. No. el estudiante sabe cosas de ese todo.
A pesar de ser prácticamente inidentificable por ser tan variado, solamente hay una única forma de reconocerlo entre la muchedumbre de estudiantes. ¿Cómo? con una pregunta: “¿Qué estudiás?”, o mejor aún: “¿Qué vendría a ser Comunicación Social?” Ay, si hay preguntas para incomodar a un comunicador, ¡es esta! Ni hablar si le preguntan por la salida laborar, o la peor: “¿Es lo mismo que periodismo?” De acá sale una paradoja, que comparen comunicación con periodismo o se piensen que son lo mismo es el flagelo del comunicador, pero en un enredo por explicar qué carajo estudia, el comunicador termina diciendo “periodismo pero más amplio”.
De todos modos, el comunicador, una especie muy rara que difícilmente puede ser identificada, tiene una última característica, compleja al momento de definirla. En pocas palabras, se diría que es un aventurero, casi un ser heroico, valiente, en el sentido de que no opta por lo que ya está, por lo que ya se conoce, por lo de siempre, por lo tradicional, al estilo de derecho o medicina, entre otras. El comunicador se arriesga por lo desconocido: nadie sabe qué es comunicación social. Tampoco el comunicador. No sabe lo que estudia, pero lo hace. Para decirlo de forma simple pero contundente, si hay algo que caracteriza al comunicador, es que apuesta al desafío.
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